Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles —Ese hombre que habrá visto, señor, aquÃ, el que traÃa enlazada la res que le carneamos.
Yo lo habÃa tomado por un indio.
Era un hombre insignificante. Mi compadre tenÃa mucha confianza en él. Hacia de capataz suyo.
—¿Y este muchacho, dices que es hijo de Colchao? —volvà a preguntarle.
—SÃ, señor —repitió.
—¿Y, dónde vives tú?, —le pregunté a aquel.
—En la tolderÃa del capitanejo Estanislao.
—¿Cerca de aqu�
—No, señor.
—¿Qué distancia hay?
—Un dÃa de camino (son treinta leguas en lenguaje convencional de los indios).
—¿Y a ese hombre le conoces?, —le pregunté, señalándole al cuarterón.
—SÃ, señor.
—¿Desde cuándo?
—Hace tres dÃas.
—¿Tres dÃas no más?
—SÃ, señor.
—¿Cómo, as�
—Lo he conocido en el campo, viniendo para acá
—¿De dónde venÃas?
—Del toldo de Estanislao.