Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles —¿En qué rumbo queda?
—Aquà (señalando el sudeste).
—¿En qué venÃa?
—A caballo.
—¿Con cuántos caballos?
—En el montado.
—¿Y de dónde venÃa?
—De lo de Calfucurá.
—¿Qué, por ahà va el camino?
—Por ahÃ.
—¿Y cuántos dÃas de camino hay del toldo de Estanislao a lo de Calfucurá?
—Dos dÃas y medio.
—¿Y habla castellano ese hombre?
—Sà señor.
Aquà Interrumpà el diálogo con el hijo de Colchao, y dirigiéndome al otro, le dije:
—¿Conque te estabas haciendo el zonzo?
No contestó.
—Hablá, imbécil, —le dije.
—Tengo vergüenza, —me contestó.
—Has de ser algún bandido —repuse—, y dándole las espaldas, les dije en voz baja a mis ayudantes:
—AverÃgüenle la vida.
Iba a retirarme, pero se me ocurrió una pregunta esencial. Se la hice.
—¿De dónde eres?