Una excursión a los indios Ranqueles

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Caiomuta, con ojos mal intencionados me echó encima el caballo, balanceándose sobre él con dificultad, y me dijo:

—Vos rico, dando, pues, pobre indio.

—Yo no doy nada a quien no es mi amigo, —le contesté, frunciendo el ceño y apostrofándole de bárbaro.

Recogió el caballo como para atropellarme. Me retiré. Llegaron mis ayudantes y mis asistentes y me rodearon.

—¡Winca!, ¡winca!, —bramó el indio.

Juan de Dios San Martín se presentó en ese momento y me dijo, que decía Baigorrita que no le hiciera caso a su hermano, que me fuera a su toldo. Y de su cuenta agregó: «Ese indio, señor, tiene muy malas entrañas».

Me pareció desdoroso abandonar el campo.

Le contesté a mi compadre que no tuviese cuidado.

Caiomuta se echó al coleto un trago, como un chorro, de una limeta de aguardiente que llevaba en la mano derecha, y picando el caballo y vociferando insultos contra Baigorrita a quien tachaba de ladrón, y diciéndoles a los otros que le siguieran, se lanzó a toda brida, por unos arenales donde parecía imposible que el caballo corriera.


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