Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles El indiecito vino hacia mà con cierta timidez; le atraje del todo echándole los brazos, le cogà las manecitas que habÃa unido obedeciendo al mandato de su padre, le acaricié y le senté a mi lado, contestándole a su «bendición, padrino»: Dios lo haga bueno, ahijado.
La madre, que hablaba español, le preguntó desde el fogón:
—¿Cómo te llamas?
No contestó. Le repitió la pregunta en lengua araucana y respondió mirándome con recelo:
—Lucio Mansilla.
Mi compadre se sonrió complacido. La madre, las chinas y cautivas que cocinaban festejaron mucho la respuesta. Una de las más ladinas, dijo: coronel Mansilla, chico.
Mi compadre llamó a San MartÃn.
San MartÃn me dijo:
—Dice Baigorrita que cuándo se hace el bautismo.
—Dile que cuando quiera, que ahora mismo, si le parece, antes que entren visitas.
Contestó que bueno.
Llamé al padre Marcos, y el franciscano no se hizo esperar.
En cuanto entró, mi compadre le hizo decir con San MartÃn que si le hace el favor de bautizarle su hijo.