Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Iba a echar pie a tierra, San MartÃn que me acompañaba, me dijo:
—TodavÃa no, señor, la costumbre es otra.
Salió un indio del toldo, y haciendo callar los perros, que habÃan sido los heraldos de nuestra aproximación, dijo:
—¡Buenas tardes, hermanos!
—¡Buenas tardes! —contestó San MartÃn.
—¿No quieren apearse? —añadió.
—Vamos a hacerlo —repuso San MartÃn.
Y dirigiéndose a mÃ:
—Ahora es tiempo, señor, apéese —me dijo.
Quise avanzar y me detuvo.
El indio dijo:
—Pase, adelante.
—Vamos, señor —me dijo San MartÃn, contestando:
—Ya vamos.
Quise manear mi caballo y San MartÃn me dijo:
—TodavÃa no.
—¿Por qué no atan los caballos? —dijo el indio.
—Vamos a hacerlo —contestó San MartÃn.
Y dirigiéndose a mÃ:
—Atemos, señor, los caballos y entremos.
Los atamos y entramos en el toldo.