Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Me acosté volando.
Caiomuta habÃa entrado en el toldo de su hermano y le habÃa despertado.
Hablaban con calor, en su lengua. Yo nada comprendÃa.
Estaba tranquilo; pero receloso.
De repente, un hombre tropezó en mis piernas y se cayó encima de mÃ.
—¡Eh! —grité.
—Dispense, señor —me dijo Camargo, reconociendo mi voz.
—¿Qué haces, hombre?
—Cállese, señor —me contestó en voz baja.
Y arrastrándose en cuatro pies, le vi acercarse al toldo de Baigorrita, quedando bastante cerca de mi cama para poder conversar sin alzar la voz.
—¡Qué indio tan pÃcaro! —me dijo.
—¿Qué hay?
—Le dice a Baigorrita que lo quiere matar a usted.
—¿Y mi compadre, qué dice?
—Le ha dado una trompada y le ha dicho que se atreva.
En ese momento, Baigorrita gritó:
—¡San MartÃn!
Camargo se reÃa, apretándose la barriga y me decÃa: