Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles —¡Ah!, ¡indio malo!, no se puede levantar de la trompada que le ha dado el hermano. Toma, por pÃcaro, ¿sabe, señor, que me han robado los estribos? ¡Ladrones!, les he tirado todo y me he venido en pelos, ni las riendas he traÃdo, le he echado al pingo un medio bozal.
—¡San MartÃn! ¡San MartÃn! —gritaba Baigorrita.
Vino San MartÃn, entró en el toldo de mi compadre, habló con él, repitiendo mi nombre varias veces.
—Dice —me dijo Camargo—, que lo cuide a usted; que no haga ruido y que si Caiomuta quiere hacer barullo, que lo maten.
Caiomuta, ebrio como estaba, no podÃa levantarse del sitio en que lo habÃa tendido el membrudo brazo de su hermano mayor.