Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Mi compadrazgo con Baigorrita había alarmado a los de Leubucó. Censura pública. Nubes diplomáticas. Camargo conocía bien a los indios. Confío en él. Camilo y Chañilao no se entienden. En marcha para la junta grande. Quieren que salude a quien no debo. Me niego a ello. Ceden saludos. Empieza la conversación. Discurso Inaugural. Entusiasmo que produce Mariano Rosas. El debate. Un tonto no será nunca un héroe.
Al día siguiente, antes de amanecer, ya sabía yo con interesantes detalles qué intrigas habían tenido lugar en Leubucó, mientras había andado por Quenque.
La noticia de mi compadrazgo con Baigorrita había producido mal efecto en Mariano Rosas.
La consagración de ese vínculo es tan sagrado para los indios, que aquel se alarmó de una amistad naciente, sellada con el bautismo del hijo mayor de su aliado.
Sus allegados, en lugar de tranquilizarlo, halagaban sus preocupaciones, diciéndole que no se descuidara, que estuviese en guardia.