Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Se acerca la hora de la partida. Desaliento de MacÃas. El negro del acordeón y un envoltorio. Era un queso. Calixto Oyarzábal anuncia que hay baile. Baile de los indios y de las chinas. En un detalle encuentro a los indios menos civilizados que nosotros.
MacÃas veÃa llegar la hora de mi partida, y con suspiros y monosÃlabos me hacÃa comprender que iba perdiendo hasta la esperanza.
Me senté en el fogón y él se puso a mi lado.
Yo estaba de muy buen humor, quizá porque al dÃa siguiente pensaba rumbear para la querencia. Somos asÃ, versátiles aun en medio de la felicidad. Todo es poco, nada nos sacia. Y tarde, muy tarde, recién comprendemos que en este mundo sublunar, los que lo han pasado mejor son los que, contentos con el presente, no se han apurado nunca por nadie ni por nada; los que estrechando el horizonte de sus miradas, limitando sus aspiraciones y sacudiendo la férula de las exigencias sociales, han subjetivado la vida hasta el extremo de identificarse con su frac.