Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles ¡Ah! cuántos a quienes estériles combates consumieron; cuántos que despiertos o dormidos tuvieron visiones de amor, de odio, de gloria, de orgullo, de riqueza, de envidia, de miedo, olvidando que velar es soñar de pie y que el sueño no es más que el noviciado de la muerte, cuántos de esos, decÃa, no habrÃan sido más dichosos si al fin de la jornada hubiesen podido exclamar:
Sois-moi fidèle ô pauvre habit que j’aime!
Ensemble nous devenons vieux.
Depuis dix ans je te brosse moi-même,
Et Socrate n’eût pas fait mieux.
Quand le sort à ta mince étoffe
Livrerait de nouveaux combats.
Imite-moi: résiste en philosophe
Mon vieil ami, ne nous séparons pas.[*8]
Yo reÃa, charlaba, jaraneaba con todos los que rodeaban el fogón, en el que un apetitoso asado se doraba al calor de abundante leña.
El triste prisionero, taciturno, reconcentrado, sombrÃo, como la imagen de la desesperación me echaba de vez en cuando miradas furtivas.