Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Está visto que las mujeres son iguales en todas las constelaciones, lo mismo en las montañas, donde las nieves reinan eternamente, que entre las selvas románticas donde el tÃmido urutaú entona tristes endechas; lo mismo a orillas del majestuoso RÃo de la Plata, que en las dilatadas llanuras de la Pampa argentina.
Suspirar, creen que es hablar.
Confieso que es un lenguaje demasiado mÃstico para un ser tan prosaico como yo.
—¿Pero qué tiene, comadre? —le volvà a preguntar.
—Compadre —me contestó—, estoy triste porque se va.
—¿Y qué, le gustarÃa a usted que no me dejaran volver?
—No quiero decir eso.
—¿Y entonces?
—Quiero decir, que siento no poder acompañarlo.
—¿Y por qué no se viene a pasear al RÃo Cuarto conmigo?
—Porque no puedo.
—¿No es usted libre?
—¡Libre!
—Libre, sÃ, ¿no es usted viuda?
—¡Ah!, compadre —exclamó con amargura—, usted no sabe cómo es mi vida; usted no conoce esta tierra.