Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Me hizo una relación de los cautivos que en diversas épocas habÃa remitido al RÃo Cuarto, y concluyó diciéndome: que agregando a esa cuenta ocho, se completaba el número.
Era una salida inesperada.
¿Qué tenÃa que hacer el nuevo tratado de paz con los cautivos anteriores?
¿La idea era de él o se la habÃan sugerido?
Quise explorar el campo, fue en vano; circunspecto y reservado, no soltaba prendas.
Resolvà hablarle categóricamente, porque el incidente era de tal naturaleza que las paces podÃan frustrarse, y le dije:
—Hermano, usted está equivocado; los cautivos que ha dado antes no tienen nada que ver con los que me debe dar a mÃ; lea bien el Tratado y verá.
—SÃ, ya sé; pero yo lo decÃa porque usted pudiera ser que lo pudiese arreglar.
—¿Y cómo quiere que lo arregle?
—Diciéndole al que los gobierna que se han recibido los que yo digo.
—¿Y cómo le voy a decir eso?
—Yo le doy los nombres de los viejos.
—No puedo hacer eso.
—¿Entonces?…
—¿Y entonces qué?…
—Haremos lo que usted dice.