Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Cuando son buenas, no hay nada comparable a ellas; cuando son malas, son execrables.
Y, con todos sus defectos, sus contradicciones y sus veleidades, la existencia sin ellas, serÃa como una peregrinación nocturna por una tierra de hielo y bajo un cielo sin luz.
SÃ, todos exclaman tarde o temprano, después de tantos arranques frenéticos:
Yes! muy adored, yet most unkind!
Though thou wilt never love again,
To me ‘t is doubly sweet to find
Remembrance of that love remain.
Yes! ‘t is a glorious thought to me
Nor longer shall muy soul repine,
Whate’er thou art or e’er shall be,
That thout hast been dearly, solely, mine.[*9]
El cencerro de las tropillas me servÃa de guÃa; mi caballo iba brioso lo que le oÃa y rumbeaba al fin para la querencia.
Llegué al pie de un médano bastante elevado y me encontré con Camilo Arias que me esperaba.
Oyendo el cencerro y no viendo las tropillas, se me ocurrió que alguna novedad habÃa.
—¿Qué hay? —le pregunté.
—Nada señor —me contestó—; por precaución lo he esperado aquÃ; vamos a cruzar este médano, tiene muchas caÃdas y es muy fácil perderse.