Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Salió un indio, me dijo que Ramón había estado en pie, con toda la familia, esperándome hasta medianoche con la cena pronta; que no se levantaba porque estaba medio indispuesto, que me apeara, que aquella era mi casa, que me acomodase como gustara.
Eché, pues, pie a tierra, me instalé en un espacioso galpón, donde Ramón tenía la fragua de su platería, se acomodaron los caballos, se recogieron de la huerta zapallos y choclos en abundancia, se hizo fuego; cenamos y nos acostamos a dormir alegres y contentos, como si hubiéramos llegado al palacio de un príncipe y estuviéramos haciendo noche en él.
¡Cuán cierto es que el arte de la felicidad consiste en saber conformar los deseos a los medios y en desear solamente los placeres posibles!