Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Estaba perfectamente aseado.
En un costado, se veía la fragua y al lado una mesa de madera tosca y un yunque de fierro.
Ya he dicho que Ramón es platero y que este arte es común entre los indios.
Ellos trabajan espuelas, estribos, cabezadas, pretales, aros, pulseras, prendedores y otros adornos femeninos y masculinos, como sortijas y yesqueros.
Funden la plata, la purifican en el crisol, la ligan, la baten a martillo, dándole la forma que quieren y la cincelan.
En la chafalonía, prefieren el gusto chileno; porque con Chile tienen comercio y es de allí de donde llevan toda clase de prendas, que cambalachean por ganado vacuno, lanar y caballar.
La fragua consistía en un paralelepípedo de adobe crudo.
Tenía dos fuelles y se conocía que el día anterior habían trabajado; las cenizas estaban tibias aún.
En un saco de cuero había carbón de leña y sobre la mesa se veían varios instrumentos cortantes, martillos y limas rotas.
Los fuelles llamaron sobremanera mi atención por su extraña estructura.
Antes de examinar su construcción entablé un diálogo conmigo mismo.