Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles —A ver —me dije—, representante orgulloso de la civilización y del progreso moderno en la pampa, ¿cómo harÃas tú un fuelle?
—¿Un fuelle?
—SÃ, un fuelle, ¿no se llama asà por la Academia Española «un instrumento para recoger viento y volverlo a dar»?, aunque habrÃa sido más comprensible y digno de ella decir: «Un instrumento construido según ciertos principios de fÃsica, para recoger el aire por medio de una válvula, y volverle a despedir con más o menos violenta, o voluntad del que lo maneje, por un cañón colocado a su extremo».
—Entiendo, entiendo.
—Y bien, si entiendes, dime, ¿cómo lo harÃas?
—¿Cómo lo harÃa?
—¡SÃ, hombre, por Dios! Parece que te hubiera puesto un problema insoluble.
—No digo eso.
—¿Entonces?.
—Es que…
—¡Ah! Es que eres un pobre diablo, un fatuo del siglo XIX, un erudito a la violeta, un insensato que no quieres confesar tu falta de ingenio.
—¿Yo?…