Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles —SÃ, tú, has entrado en el miserable toldo de un indio a quien un millón de veces has calificado de bárbaro, cuyo exterminio has preconizado en todos tonos, en nombre de tu decantada y clemente civilización, te ves derrotado y no quieres confesar ignorancia.
—¿Mi ignorancia?
—Tu ignorancia, sÃ.
—¿Quieres acaso que me humille?
—SÃ, humÃllate y aprende una vez más que el mundo no se estudia en los libros.
Incliné la frente, me acerqué a la fragua, cogà el manubrio de ambos fuelles, los que estaban colocados en la misma lÃnea horizontal, tiré, aflojé y se levantó una nube de ceniza.
Eran feos; pero surtÃan el efecto necesario, despidiendo una corriente de aire bastante fuerte para inflamar el carbón encendido.
Todo era obra del mismo Ramón; invento exclusivo suyo.