Una excursión a los indios Ranqueles

Una excursión a los indios Ranqueles

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Ramón, enamoróse de la magnificencia de Brasil, cuya gordura contrastaba con la estiptiquez de sus perros, lo mismo que un prisionero paraguayo con un morrudo soldado riograndés.

—¡Qué perro tan gordo, hermano —me dijo— y qué lindo!, y los míos ¡qué flacos!

—No les dará de comer, hermano —le contesté.

—¡Pues no!

—¿Y qué les da de comer?

—Lo que sobra.

Lo que sobra, dije yo para mis adentros. Y sabiendo que los indios se comen hasta la sangre humeante de la res, pensé: Yo no quisiera estar en el pellejo de estos perros, recordando que alguna vez había tenido envidia de ciertos perritos de larga lana y lúbricos ojos, que algunas damas de copete y otras que no lo son, adoran con locura, durmiendo hasta con ellos, tal es el progreso humanitario del siglo XIX; progreso que si sigue puede hacer que en el año 2000 un perro se llame Monsieur Bijou, Míster Pinch o el señor don Barcino.

Y dirigiéndome a mi interlocutor, repuse:

—Eso no basta.

Ramón contestó:

—Es que son maulas estos míos. Usted podía regalarme el suyo para que encastara aquí.

¿Qué le había de decir?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker