Una excursión a los indios Ranqueles

Una excursión a los indios Ranqueles

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Está bueno, hermano —le contesté—, tómelo; pero hágalo atar ahora mismo, porque de lo contrario no ha de parar en el toldo, se ha de ir conmigo.

Ramón llamó, y al punto se presentaron tres cautivos.

Hablóles en su lengua; quisieron ponerle un dogal al cuello con un lazo que por allí estaba, mas fue en vano.

Brasil mostraba sus aguzados y blancos colmillos, gruñía, se encrespaba, encogiendo nerviosamente la cola y los tímidos cautivos no se atrevían a violentarlo.

Me parecía que los desgraciados comprendían mejor que yo la libertad, y que no era por cobardía sino por un sentimiento de amor confuso y vago que respetaban al orgulloso mastín.

Tuve yo mismo que ser el verdugo de mi fiel compañero.

Brasil me miró cuando me levanté a tomar el lazo, echóse patas arriba, mostrándome el pecho como diciéndome: mátame si quieres.

Al atarle la soga en el pescuezo me miré en la niña de sus ojos que parecían cristalizados.

Y me vi horrible, y a no ser la palabra empeñada; me habría creído infame.

Brasil se dejó atar humildemente a un palo.

Intentó ladrar y le hice callar con una mirada severa y un ademán de silencio.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker