Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Llamé al cabo Guzmán, magnÃfico tipo criollo, y al indio Angelito, escribà algunas cartas, les di mis instrucciones y los despaché, después de asegurarme de que habÃan entendido bien.
Llevaba encargo especial de llegar a las tolderÃas del cacique Ramón, que son las primeras, y de decirle que pasarÃa de largo por ellas, no sabiendo si al cacique Mariano le parecerÃa bien que visitase primero a uno de sus subalternos, y que al regreso lo harÃa.
Partieron los chasquis.
Mientras yo tomaba las antedichas disposiciones, otros se ocupaban en hacer un buen fogón, preparándonos para la trasnochada.
Los chasquis no se habÃan perdido de vista aun, cuando frescas y recias ráfagas de viento comenzaron a augurar la inevitable proximidad de la tormenta.
El cielo se puso negro.
La experiencia nos dijo que debÃamos renunciar al fogón y al asado y prepararnos para una noche toledana por no decir pampeana.
El viento arreció, gruesas gotas de agua comenzaron a caer, la noche avanzaba, o mejor dicho, se anticipaba con rapidez.
Pronto estuvimos envueltos en una completa obscuridad.