Discursos sobre la primera decada de Tito Livio
Discursos sobre la primera decada de Tito Livio Prescindiré del hecho de que los samnitas vieran tranquilamente cómo los romanos vencían a los volscos y a los equos y, para no ser prolijo, trataré solo de los cartagineses, que tenían ya gran poder y fama cuando los romanos combatían con los samnitas y toscanos, pues dominaban en toda el África, en Cerdeña, en Sicilia y en una parte de España. Este poder y el estar apartados de los límites de la dominación romana fueron causa de que no pensaran en atacar a los romanos, ni en socorrer a los samnitas y toscanos. Hicieron, pues, lo que generalmente se hace con los pueblos que prosperan: procurarse su amistad y aliarse con ellos, acrecentando su poder, y no advirtieron el error cometido hasta que los romanos, después de someter a todos los pueblos situados entre ellos y los cartagineses, empezaron a combatir la dominación de estos en Sicilia y en España.
A los galos sucedió lo mismo que a los cartagineses, y lo propio a Filipo, rey de Macedonia, y a Antíoco. Cada uno de estos creyó, mientras el pueblo romano guerreaba con cualquiera de ellos, que serían vencidos los ejércitos de Roma o que habría siempre tiempo de defenderse de los romanos, con la paz o con la guerra. Creo, pues, que la fortuna que en esta parte tuvieron los romanos la hubiese tenido cualquier príncipe que procediera como ellos y mostrara igual valor.