Discursos sobre la primera decada de Tito Livio

Discursos sobre la primera decada de Tito Livio

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Por tal vía han llegado a la servidumbre infinitas ciudades, como le sucedió a Florencia hace poco tiempo y como ocurrió a Craso y a su ejército. Comprendió Craso cuán vanas eran las promesas de los partos, hechas para quitar a sus soldados la precisión de defenderse, y, sin embargo, no pudo obligarles a pelear, cegados por la oferta de paz que le habían propuesto sus enemigos. Así se ve en la historia de su vida.

Faltando a los tratados y excitados por la ambición de algunos de ellos, hicieron los samnitas correrías y pillajes en las tierras de los confederados de Roma. Enviaron después a esta ciudad embajadores para pedir la paz, ofreciendo la restitución de lo robado y el castigo de los autores de los atropellos hechos. Rechazaron los romanos sus ofrecimientos y volvieron los embajadores a Samnio sin esperanza de arreglar el conflicto. Entonces Claudio Poncio, general del ejército samnita, demostró en un notable discurso que los romanos querían de todos modos la guerra, y aunque ellos deseaban la paz, la necesidad les obligaba a la lucha, pronunciando estas palabras: Iustum est bellum; quibus necessarium, et pia arma, quibus nisi in armis spes est[227]. En esta necesidad fundaron él y sus soldados la esperanza de la victoria.



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