Discursos sobre la primera decada de Tito Livio
Discursos sobre la primera decada de Tito Livio Quien observe el carácter de Manlio desde el momento en que Tito Livio empieza a hablar de él, le verá hombre valeroso, piadosamente sumiso a su padre y a la patria y respetando siempre a sus superiores. Dio a conocer estas dotes al matar al galo con quien luchó en singular combate, al defender a su padre contra un tribuno, y en estas palabras dichas al cónsul antes del citado combate con el galo: Injussu tuo adversus hostem nunquam pugnabo non si certam victoriam videam[237].
Cuando un hombre de esta índole llega a ejercer un mando, desea que los demás se le parezcan, y la fortaleza de su espíritu le hace ordenar cosas difíciles y exigir el estricto cumplimiento de sus órdenes. Es regla certísima que cuando con severidad se manda, rigurosamente hay que hacer cumplir el mandato, pues de otra suerte se engañará el que mande. Además, el que quiera ser obedecido necesita saber mandar. Saben hacerlo los que, comparando sus fuerzas con las de quienes han de obedecer, cuando las ven en proporción conveniente, dan las órdenes y cuando desproporcionadas en su contra, se abstienen. Por eso decía un hombre prudente que para emplear en una república medios violentos, era preciso que la fuerza del opresor fuera proporcionada a la de los oprimidos, y mientras la proporción durase duraría la violencia; pero cesaría tan pronto como el oprimido llegara a ser más fuerte.