Discursos sobre la primera decada de Tito Livio
Discursos sobre la primera decada de Tito Livio Adviértese en este caso lo que hace un hombre bueno y sabio, y el bien y la utilidad que reporta a su patria cuando sus grandes virtudes imponen silencio a la envidia, que en muchas ocasiones impide a los hombres ser útiles, privándoles de la autoridad indispensable en las cosas de importancia. Mátase la envidia de dos modos: es uno que algún gran peligro haga temer a cada cual por su vida, en cuyo caso prescinden todos de la propia ambición y acuden voluntariamente a obedecer al que juzgan que por su valor puede salvarles, como sucedió a Camilo, que por haber dado tantas pruebas de mérito excepcional, desempeñado tres veces la dictadura y gobernado siempre conforme al interés público y no a su personal utilidad, consiguió que los demás hombres no temieran su preponderancia, y que, por la grandeza de su fama, no juzgasen humillante serle inferiores. Por eso la reflexión antes citada de Tito Livio es muy oportuna. El otro modo de extinguir la envidia consiste en que, natural o violentamente, mueran los que son tus émulos en la aspiración a la fama o a la grandeza, y que, al verte más reputado que ellos, no pueden vivir tranquilos ni sufrirlo con paciencia. Y si son hombres habituados a vivir en una ciudad de costumbres viciosas, donde la educación no pueda infundirles alguna virtud, será imposible que suceso alguno contenga sus malas inclinaciones; al contrario, por realizar sus propósitos y satisfacer sus perversos instintos, verían satisfechos la ruina de su patria. El único remedio para vencer esta envidia es la muerte del que la alimenta.