Blackout
Blackout Las calles se llenaban de filas interminables por un poco de agua potable. Los supermercados, antes templos del exceso, ahora eran campos de batalla. Sin suministro eléctrico, las estaciones de servicio seguÃan inoperativas, atrapando a miles en carreteras heladas.
En Austria, Herwig Oberstätter y su equipo, tras horas de trabajo manual, lograban poner en marcha su planta hidroeléctrica. Era un pequeño triunfo en un mar de derrotas.
—Hemos subido la frecuencia... ¡Estamos en lÃnea! —gritó un técnico, al borde del llanto.
Pero Oberstätter sabÃa que era una victoria frágil. Sin coordinación continental, esos pequeños focos de energÃa podÃan colapsar igual de rápido que renacieron.
De regreso en Milán, la situación de Manzano empeoraba. La policÃa italiana, en cooperación con agencias europeas, lo señalaba como posible instigador del apagón. Su historial de hacker lo condenaba ante quienes necesitaban con desesperación un culpable.
—No tienen pruebas —espetó Manzano cuando lo interrogaron.
—A veces las pruebas importan menos que la percepción pública —contestó el agente, con una mueca amarga.