Blackout
Blackout El silencio que siguió fue peor que cualquier palabra.
En Viena, el mercado financiero se tambaleaba. Sin comunicación, sin energía, los bancos cerraban. El efectivo se agotaba. Las filas frente a los supermercados se transformaban en asaltos masivos. Los hospitales, sin suministro, improvisaban quirófanos a la luz de velas.
Y la desesperación, como un virus más veloz que cualquier fallo eléctrico, comenzaba a infectarlo todo.
Mientras tanto, en un sótano oculto de Milán, Manzano y Shannon analizaban los fragmentos de información robada. Descubrieron algo aún más perturbador: los ataques no provenían de un solo grupo. Había facciones internas, células dormidas en varias naciones, todas utilizando el mismo método pero persiguiendo fines distintos.
—Esto no es una guerra —dijo Shannon, mirando los mapas de infección—. Es una purga.
—De gobiernos. De sistemas. De civilizaciones —añadió Manzano, el rostro endurecido.
En Francia, Marpeaux, atrapado en su planta nuclear, veía cómo el margen de seguridad se desmoronaba. Una de las bombas de enfriamiento dejó de funcionar. Una cuenta regresiva silenciosa comenzó.