Blackout
Blackout Mientras tanto, las autoridades europeas trataban de proyectar control. Arrestos masivos, discursos solemnes en parlamentos improvisados, declaraciones de unidad. Michelsen, en Berlín, enfrentó a la prensa con una franqueza brutal:
—Esto no ha terminado. Solo ha cambiado de forma.
Algunos gobiernos cayeron. Otros se fortalecieron mediante decretos de emergencia. La infraestructura energética comenzó a reformarse: descentralización, seguridad reforzada, menos dependencia de sistemas automatizados vulnerables.
Pero el precio era palpable: millones de muertos por hipotermia, por hambre, por la violencia del caos. Familias destrozadas. Economías colapsadas.
Y la semilla de la desconfianza había sido plantada profundamente.
Poco después, Shannon publicó un reportaje explosivo en CNN y redes independientes. Reveló la implicación de empresarios, políticos y tecnócratas en el sabotaje. Las imágenes de reuniones secretas, los correos interceptados, los planes de un “renacimiento energético” basado en el colapso sistemático.
El mundo miró horrorizado.
—Al menos ahora saben la verdad —murmuró Shannon cuando el reportaje alcanzó cada rincón donde aún existía conexión.