Fuimos soldados
Fuimos soldados El quiebre definitivo para Lazarte llega con la oportunidad de un secuestro, una operación de alto riesgo, pero la única opción para reunir fondos y recomponer su red de combatientes. El objetivo es un empresario estadounidense de alto perfil en México, una figura clave de la multinacional Kimberley Clark. La reunión donde Lazarte recibe los detalles se lleva a cabo en un cuarto sombrío, donde los rostros están apenas iluminados por una luz tenue, intensificando la tensión del momento. Frente a él está Carmen , una exiliada mexicana, práctica y calculadora, que conoce cada paso del empresario.
“Mira, sigue esta rutina”, dice Carmen, extendiéndole un papel con una lista de horarios y trayectos diarios. “Llega al banco a las diez, solo. Camina de regreso alrededor de las once, sin protección. Parece que se cree intocable.”
