Fuimos soldados
Fuimos soldados Lazarte repasa la hoja, memorizando cada línea, cada calle por la que pasará la víctima. Las palabras de Carmen se le graban en la mente, mientras la intensidad del plan se vuelve palpable. A pesar de que la operación es peligrosa, Lazarte sabe que no puede perder esta oportunidad. La logística es compleja, pero todo está aparentemente en su lugar. Han encontrado una casa segura, una construcción sencilla pero adecuada, con paredes acolchadas que evitarán que se escuchen los gritos, una habitación blindada que contendrá al empresario y una salida discreta para los custodios del cautivo. “¿Estás seguro de que nadie va a escuchar?”, pregunta Lazarte, con la voz baja y cautelosa. Carmen asiente con una media sonrisa, sin titubear: “Ni una palabra saldrá de esas paredes”.
Sin embargo, mientras Carmen continúa explicando el sistema de pagos, Lazarte siente una sombra de duda deslizarse en su mente. Él sabe que en operaciones como esta cualquier pequeño error puede costarles la vida, y no todos en su equipo comparten su rigurosa disciplina. Ha visto ya demasiados errores, demasiadas traiciones en el pasado, y, aunque Carmen es concisa y precisa, algo no termina de encajar.
