El cuento de la criada
El cuento de la criada —Solo di sà o no.
Siente su corazón en la garganta. Sabe que si acepta, entra en un juego mortal. Sabe que si dice no, puede perder la única oportunidad de pelear.
—Sà —susurra.
Deglen asiente.
—Bien. Espera instrucciones.
La caÃda de una traidora Los dÃas pasan. Gilead no cambia, pero Defred sÃ. Ahora sabe que hay algo más allá de las órdenes, de las reglas, de los Ojos. Y entonces, como si el universo se burlara de su efÃmero atisbo de esperanza, todo se derrumba.
Una mañana, al salir con Deglen, el ambiente es diferente. Más tenso. Más callado.
—¿Qué pasa? —pregunta Defred.
Pero antes de que Deglen pueda responder, lo ve.
Un grupo de Guardianes arrastra a una mujer. Su boca está cubierta con una tela sucia, pero sus ojos gritan. La arrojan a una camioneta negra. Defred no puede respirar.
Es la antigua Deglen.
—No puede ser… —murmura.
—Silencio —susurra la mujer a su lado.
Defred la mira. No es Deglen. Es otra Criada con el mismo nombre, con la misma vestimenta. Pero no con la misma mirada.
—¿Qué le pasó?