El cuento de la criada
El cuento de la criada —Colgó esta mañana.
La respuesta es un puñal.
—¿Por qué?
La nueva Deglen la observa con indiferencia.
—Porque era traidora.
Gilead ha borrado a Deglen. Como si nunca hubiera existido. Como si nunca hubiera importado. Y ahora, Defred está sola. Más sola que nunca.
El Comandante quiere más Esa noche, Defred se arrastra hasta la habitación del Comandante con el estómago revuelto. Ya no puede fingir que su mundo es estable. Gilead lo devora todo.
Él la recibe con una sonrisa.
—Tengo una sorpresa para ti.
Ella se tensa.
—Nos vamos de paseo.
—¿Adónde?
El Comandante se levanta, toma una chaqueta negra y le lanza un vestido rojo que no es el de Criada.
—Póntelo.
Defred lo sostiene entre los dedos. El vestido es ligero, casi frÃvolo. Sabe que lo que sea que está por suceder, la llevará aún más al borde de un abismo.
Y quizás, esta vez, no haya red para atraparla.