El cuento de la criada
El cuento de la criada Ella avanza por la casa en la oscuridad. Cada sombra es una amenaza. Cada paso es un peligro. Se detiene frente a la puerta. Duda. No deberÃa estar aquÃ. No deberÃa obedecer una orden como esta.
Y sin embargo, levanta la mano.
Golpea la puerta… y espera.
La puerta se abre.
Defred cruza el umbral, el corazón latiéndole en la garganta. El Comandante está sentado detrás de un escritorio de madera oscura, con un vaso de whisky en la mano. La lámpara de la habitación proyecta sombras alargadas sobre las paredes. No hay Ojos aquÃ. No hay Serena Joy. Solo ellos dos.
—Juguemos una partida de Scrabble —dice él.
Por un momento, Defred no entiende. Esperaba una orden, una amenaza velada, quizás algo peor. Pero él solo sonrÃe y le hace un gesto hacia la mesa. Frente a ella, el tablero ya está dispuesto, las fichas desordenadas esperando ser colocadas.
Es un juego prohibido. Las mujeres no pueden leer, mucho menos formar palabras sobre un tablero. No deberÃan ni siquiera conocer las letras. Pero aquà está ella, con una bolsa de fichas entre los dedos, deslizándolas sobre la madera.
—Tu turno —dice el Comandante.