El cuento de la criada
El cuento de la criada El hogar donde sirve pertenece al Comandante y su esposa, Serena Joy. Serena la odia. No lo dice, pero lo transmite en cada mirada de desprecio. Antes del golpe de Estado que dio origen a Gilead, era una figura televisiva que predicaba la sumisión de la mujer. Ahora está atrapada en la misma jaula que ayudó a construir. No puede concebir hijos, y por eso Defred está aquÃ. Para hacer lo que su cuerpo ya no puede.
Cada mes, Defred es llevada al cuarto del Comandante. Serena Joy está allÃ, sosteniendo sus muñecas, mientras él la penetra mecánicamente. No hay placer. No hay conexión. Solo la expectativa de que su cuerpo, si Dios lo permite, dé un hijo para la familia.
—No mires hacia arriba —le susurra Serena, con la voz tensa.
Defred cierra los ojos. Se convierte en un objeto. En un recipiente. Si no concibe, si su cuerpo no responde, su destino está decidido: las Colonias, un desierto envenenado donde las mujeres barren la tierra contaminada hasta que sus pulmones se pudren.
Pero hay algo más. Algo fuera de lo establecido. Una noche, el Comandante la manda llamar en secreto. No para la Ceremonia, no para engendrar un heredero. Quiere verla a solas.