El cuento de la criada
El cuento de la criada —A las acusadas se le imputa el cargo de traición al género por ser lesbianas, en violación de Romanos, capÃtulo 1, versÃculo 26.
El público murmura. Defred apenas respira.
Una de las mujeres solloza. La otra mantiene la cabeza en alto, los ojos fijos en la multitud, buscando a alguien que le devuelva la mirada. Nadie lo hace.
—La primera, por mostrar arrepentimiento, será enviada a las Colonias.
Defred siente alivio por un instante. Pero el alivio es fugaz.
—La segunda, por su perversión persistente… será purificada en la soga.
Los Guardianes la arrastran hasta un poste de madera. La cuerda baja. Se cierra.
El cuerpo cae.
La multitud se dispersa.
Defred siente las uñas de Deglen enterrarse en su muñeca. No es el dolor lo que la asusta. Es el mensaje en su voz temblorosa:
—Ahora entiendes por qué Mayday es un susurro… y no un grito.
Una tarde, Serena Joy la detiene en el jardÃn. Su presencia es una tormenta contenida. La mira con ojos frÃos, como si pudiera verla por dentro.