Por si un día volvemos
Por si un día volvemos Ella no responde. Pero empieza a mirar su entorno con otros ojos.
En medio de ese despertar, surge algo más: la atracción. Álvaro y Cecilia inician una relación marcada por el respeto mutuo, el deseo, la complicidad. Es amor, pero no romántico en el sentido blando. Es amor como pacto de futuro, como alianza entre iguales.
Cecilia, por primera vez, se permite sentir. Y creer.
Pero sabe que toda revolución tiene un precio. Y que la calma no dura.
Orán vibra. La ciudad crece, bulle, se transforma. Aparentemente, es tiempo de esplendor: cafés llenos, comercio en auge, mujeres fumando en la calle, hombres que planean fortunas. Pero bajo la superficie, la tensión cruje. Y Cecilia lo siente.
En el liceo, ahora como administradora reconocida, maneja presupuestos, decisiones, relaciones. Su nombre se respeta. Incluso la comunidad francesa la considera “una de las suyas”. Pero ella sabe que nunca lo será del todo. Ni francesa, ni completamente argelina. Española, sí, pero con una historia que nadie más conoce.