Por si un día volvemos
Por si un día volvemos —Esto se va a desmoronar —le dice Clémentine, pálida, con una carta de traslado en la mano.
Cecilia no responde. Pero en su interior, algo se tensa. Lo ha vivido antes. Y sabe que el derrumbe siempre arrastra a los que no se preparan.
La guerra ya no es un rumor. Es fuego real. Explosiones. Tiros. Sangre en las aceras. El Frente de Liberación Nacional ataca en todos los frentes. Francia responde con brutalidad. Las calles de Orán, antes llenas de voces mezcladas, se llenan ahora de gritos, de miedo, de despedidas.
Cecilia se mueve con cautela. Ya no es solo una española más. Ahora representa algo: una mujer con poder, con historia, con vínculos. Y eso puede ser peligroso. Algunos la miran con desconfianza. Otros, con rencor. “No eres de los nuestros”, parecen decirle desde ambos lados.
Álvaro, cada vez más comprometido con la causa independentista, empieza a desaparecer por días. Vuelve con el rostro tenso, el cuerpo más flaco.
—No puedes seguir así —le dice ella.
—¿Y tú? ¿Piensas quedarte al margen?
Pero Cecilia no puede actuar sin pensar en lo que arriesga. Sus papeles. Su vida. Su historia.