Por si un día volvemos
Por si un día volvemos Una madrugada, la policía irrumpe en su casa. Buscan a Álvaro. No lo encuentran. Pero revuelven todo. La amenazan. La vigilan. Cecilia guarda silencio, pero algo se quiebra dentro. Ya no puede protegerlo. Ni protegerse.
La escuela se vacía. Clémentine se marcha. Muchos profesores franceses son repatriados. Las aulas, antes llenas de niños, quedan vacías o pobladas solo por los que aún no tienen a dónde huir. Las paredes se agrietan, literal y simbólicamente.
Los pieds-noirs se organizan en grupos armados. La OAS (Organización del Ejército Secreto) comienza a operar. Ataques por sorpresa. Represalias. Nadie está seguro. Ni los argelinos, ni los franceses, ni los que, como Cecilia, no tienen bando claro.
Un día, Álvaro no vuelve.
Ella lo espera. Horas. Días. Pregunta. Investiga. Pero no hay pistas. Solo un rumor: una emboscada, varios muertos, ninguno identificado. Cecilia entiende. Y acepta, con el alma en carne viva.
La ciudad es ahora un campo minado. Su nombre empieza a figurar en listas. Alguien la ha denunciado por ayudar a un “terrorista”. Todo lo que ha construido está por derrumbarse.
Entonces decide partir.