El albatros negro
El albatros negro La ciudad de Vigo empieza a despertar al rumor de las muertes. No son simples crímenes. No son casualidades. Las piezas, cuando se colocan sobre el tablero, forman un patrón. Y ese patrón huele a siglos, a madera vieja, a historia sumergida.
Pietro no duerme. Relee cada informe, cada nota, cada carta del siglo XVIII. Pero es Nagore quien detecta el vínculo oculto: todos los implicados pertenecían al antiguo Círculo Nautae, una logia semiclandestina de estudiosos navales que operaba en la sombra desde el siglo XIX. Su objetivo aparente: preservar secretos históricos que “no debían ver la luz”. Pero Lucía quería romper ese pacto de silencio. Y alguien se lo impidió.
—El silencio es más rentable que la verdad —le dice Nagore, mostrando un recorte de prensa del año 1953. En él, una expedición de buceo fue cancelada abruptamente por “riesgo diplomático”.
El cuarto asesinato ocurre de madrugada. Esta vez, el objetivo no es académico ni historiador. Es Javier Calzada, abogado especializado en patrimonio marítimo. Su cuerpo aparece en el fondo de una piscina vacía. En su despacho, los papeles sobre el testamento de Lucía han desaparecido. La escena, otra vez, impecable. Limpia. Aséptica.