Amalia
Amalia —Yo sé algo de esto, poco más o menos. No hagamos que tatita sirva de pantalla.
—Bien, bien —repuso Victorica, contentísimo de haberse vengado de doña María Josefa; y cual si quisiese recompensar a Manuela del buen rato que acababa de darle, la ofreció mandarle al comisario en el acto que llegase con las noticias del campamento.
—Pero pido a usted —agregó—, que buenas o malas las noticias que traiga, no pasen de usted, hasta que yo se las repita como es mi obligación.
—Se lo prometo a usted.
—Entonces, buenas noches, Manuelita.
Y el jefe de policía volvió a pasar por entre los grupos que poblaban la sala y el patio, sin que nadie se atreviese a detenerlo para pedir noticias, como hacían todos recíprocamente.
El asiento que dejó no quedó vacío ni un minuto, pues un nuevo personaje de la época vino a dar a la joven anticipadas felicitaciones por el próximo triunfo federal.