Amalia
Amalia Pero más que esto. El cinismo del dictador llegaba a tal punto, que él mismo, de su puño y letra, escribía las instrucciones para los correos que partían de Buenos Aires para las provincias y Bolivia, ordenándoles que por todo su camino fuesen diciendo que: «Que S. E. trabajaba día y noche en sostén de la causa americana, que hasta las potencias extranjeras le tributaban respeto y admiración por su valor y por su genio, que por todos los paquetes recibía cartas y regalos de los reyes, y que dentro de poco se iba a saber todo lo que él valía, etcétera».
Capitaneó una de las épocas de la vida social, que con él, o sin él, tenía por fuerza que desenvolverse en el naciente pueblo; y no se hizo célebre por haber organizado esa época, sino por haberla ultrapasado en sus impulsos reaccionarios; y no se hizo expectable, individualmente, sino por la ferocidad de su alma y por las infinitas circunstancias que los sucesos fueron eslabonando en torno suyo, debidos en su mayor parte a causas que no recibieran creación ni impulsión de la cabeza de Rosas: como sucedió con la contramarcha repentina del ejército libertador, que dejaba abierto el camino por donde la tiranía reaccionaria debía marchar hasta su última expresión en la República.