Amalia
Amalia —¡Ah, sí, cierto! La independencia oriental es debida, hasta cierto punto, a los buenos oficios de la Inglaterra.
—Así es que —continuó Daniel—, perdida la influencia francesa en estos países, y llegado el caso en que peligrase la independencia oriental, la acción de la Inglaterra no sólo sería eficaz, sino también un golpe habilísimo para conquistar a favor suyo todo el terreno perdido por la Francia, en países tan llenos de porvenir como los del Plata.
—Señor Bello, usted sería un embajador peligroso para el general Rosas —dijo Mandeville, que no había perdido una sola palabra de cuantas pronunciara su interlocutor.
—Creo que mi amigo no ha emitido ideas suyas ni tenido tal intención —observó Eduardo, mirando al señor Mandeville, sonriendo y mostrando sus blanquísimos dientes.
—Y tanto no he hablado a mi nombre, que estoy por creer que habré dicho una porción de desatinos al referir de memoria lo que dicen en Montevideo y que suelo leer en los periódicos.