Amalia
Amalia Entretanto, él no había perdido el tiempo en su ministerial visita, pues había conseguido que el señor ministro Arana se envolviese en una red, primorosamente tejida por las manos de ese joven que, casi solo, sin más armas que su valor, y sin más auxiliares que su talento, en una época en que todos los vínculos y todas las consideraciones de honor y de amistad empezaban a ser relajadas prodigiosamente por el terror en ese pueblo sorprendido por la tiranía; pero en el cual, es preciso decirlo, no había desenvuéltose nunca ese espíritu de asociación que sus necesidades morales reclamaron siempre; por ese joven, decíamos, que era una especie de conspiración viva contra Rosas, admirable por su temeridad, aun cuando reprensible por su petulancia al querer trastornar, con la sola potencia de su espíritu, un orden de cosas constituido más bien por la educación social del pueblo argentino, que por los esfuerzos y los planes del dictador.