Amalia
Amalia —Yo, anoche he cenado con el Restaurador de las Leyes y su hija doña Manuelita Rosas y Ezcurra. El Restaurador es más que Dios porque es el padre de la Federación, y cuantos unitarios caigan en mis manos les ha de suceder lo mismo que a los que agarré anoche. Es verdad que uno se me escapó, pero va bien marcado, y ya esta mañana le mandé un hombre a doña María Josefa que le ha de dar buenas señas, porque hombres y mujeres, siendo federales, todos debemos ayudar a Su Excelencia, que es el padre de todos. Para ser un buen federal, es preciso mostrar esto.
Y Cuitiño sacó su puñal, y con el dedo índice de la mano izquierda señalaba en la lámina de acero, algunas manchas de sangre, de aquella en que se había empapado la noche anterior.
A esta acción todos los mazorqueros contestaron desenvainando el puñal y prorrumpiendo en alaridos espantosos contra los unitarios, contra los franceses, contra Rivera y especialmente contra Luis Felipe, el rey guarda-chanchos, según lo llamaban, por inspiración de Rosas.