Amalia
Amalia —¡Oh; es mucho! ¡Cuatro horas! Una solamente.
—Es muy poco.
—Me parece que para el sacrificio que hago, es demasiado.
—Lo sé, Amalia; pero es un sacrificio que haces por la seguridad de tu casa y, con ella, por la tranquila permanencia de Eduardo. Te lo he dicho diez veces: no asistir a este baile dado a Manuela, en que recibes una invitación de ella, solicitada por Agustina, es exponerte a que lo consideren como un desaire, y estamos mal entonces. Agustina tiene un especial empeño en tratarte, y ha buscado este medio. Entrar al baile y salirte de él antes que ninguna otra, es hacerte notable en mal sentido a los ojos de todos.
—¿Y qué me importa esa gente? —dijo Amalia, con un acento marcado de desprecio.
—Muy cierto; a esta señora, ni le deben dar cuidado los resentimientos de esa gente, ni he sido nunca de tu opinión, Daniel, de que le haga el honor de concurrir a su baile —dijo Eduardo, dirigiéndose a su amigo.