Amalia
Amalia Por predispuesto que estuviese el ánimo de Amalia contra el apellido de aquella joven, su amabilidad y sencillez habÃanse insinuado en su carácter naturalmente bueno y generoso. Manuela, a su vez, impresionada por la belleza de Amalia, por la suavidad de su acentuación, y por ese buen tono sin esfuerzo que se descubrÃa en ella, dejó arrastrar fácilmente sus simpatÃas hacia la hermosa prima de Daniel, cuyo talento habÃa sabido apoderarse del buen querer de cuantos rodeaban a Rosas, apareciendo a los ojos de las mujeres, como frÃvolo y enamorado solamente, cosas de gran valor entre ellas, y a los ojos de los hombres como un joven que preparaba su inteligencia para ser útil algún dÃa a la santa causa de la Federación.
Una y otra, pues, conversaban con interés, si no con amistad, cuando Daniel se llegó a su prima, y el coronel don Mariano Maza a la señorita Manuela, a tiempo también que se paraba delante de las dos jóvenes el redactor de La Gaceta y comandante de serenos, don Nicolás Mariño.
Un vals empezaba.
El coronel Maza presentó su mano a la hija de su gobernador, y ésta la aceptó y levantóse en el acto: estaba comprometida para ese vals.
El redactor de La Gaceta quiso imitar la pantomima de Maza: estiró la mano hacia Amalia balbuceando algunas palabras.