Amalia
Amalia ¿Qué mujer no se envanece de descubrir la admiración que hacen sus gracias en los ojos del ser predilecto de su corazón?
Amalia olvidó la escena del camino y se halló contenta y feliz al descubrir en la contemplación de Eduardo el enajenamiento inefable que le ocasionaba su belleza.
Ella misma sirvió el té, refiriendo a Eduardo las escenas más notables de la cena del baile, tratando de distraerlo y de enmendar una imprudencia que acababa de cometer: había referídole las miradas de Mariño, y las palabras de él que le había trasmitido la señora de N… Eduardo entonces dio otro valor al acontecimiento de la calle Larga, y no se perdonaba el haber dejado ir a Mariño sin haberle hecho recibir por su mano el castigo que se merecía.