Amalia
Amalia —Amalia, ídolo angelicado de mi alma; sí, es necesario mezclar a Dios en este momento, porque de su aliento divino salieron separadas nuestras almas para buscarse y encontrarse en el mundo. Ellas tuvieron un mismo origen; se han hallado; se han conocido, y se han atado para siempre rápida y espontáneamente, como por la obra de una inspiración de Dios. En ambos han sido necesarias las desgracias para alcanzar una felicidad suprema. Amalia, serás mía, mía para siempre, ¿no es verdad?
—Sí, sí; con el alma, con el pensamiento, en todos los instantes de mi vida… pero, ¡nada más, por Dios! —exclamó Amalia, cubriéndose el rostro con sus manos.
—¡Amalia!