Amalia
Amalia —No hay pueblo; los pueblos no tienen voz todavÃa en la América; hay Rivera, nada más que Rivera. Hay algunos hombres de talento como Vásquez, Muñoz, etc., y hay muchas inferioridades que rodean al general Rivera y hostilizan a aquéllos, porque son amigos de los porteños.
El telón de un escenario nuevo se levantaba a los ojos de Daniel. Por su cabeza jamás habÃa pasado ni una sombra de las realidades que le referÃa el señor Martigny. Él, cuyo sueño de oro era la asociación polÃtica, como la asociación en todo; él, que hacÃa poco creÃa que Montevideo, con todos los hombres que lo habitaban, no encerraba sino un solo cuerpo con una sola alma polÃtica para la guerra a Rosas; él, que creÃa llegar a una ciudad donde los intereses del pueblo tenÃan voz más poderosa que los intereses de caudillo y de cÃrculo, se encontraba de repente con que todas sus ilusiones se evaporaban, y que no debÃa conservar otra esperanza sobre la ruina de Rosas que aquélla que le inspiraban los últimos esfuerzos que harÃa el ejército que mandaba el general Lavalle, destinado a convertirse en una cruzada de héroes o de mártires.