Amalia
Amalia —Bien, señor —dijo Daniel—; yo soy hombre que jamás pierdo el tiempo en discurrir contra los hechos establecidos. Recapitulemos: el general Rivera no quiere marchar de acuerdo con el general Lavalle; no se podrá conseguir que se efectúe una operación combinada sobre Buenos Aires; una batalla se ha perdido; la opinión del general Lavalle es de invadir la provincia de Buenos Aires ¿no son éstos los hechos?
—Verdaderamente.
—Entonces, yo os digo que es necesario trabajar en el ánimo del general Lavalle para persuadirlo a que invada a Buenos Aires sobre el punto más próximo a la ciudad; que marche sobre ésta inmediatamente; que no se distraiga sino el tiempo necesario en la provincia para deshacer las pequeñas fuerzas que tiene Rosas en ella; que ataque la ciudad y juegue allí la vida o la muerte de la patria: la reacción será operada por la audacia misma de la empresa; y yo me comprometo, con cien de mis amigos, a ser de los primeros que salgan a las calles, a abrir paso a las tropas libertadoras, o a apoderarme del parque, de la fortaleza, o de la plaza que se indique.