Amalia
Amalia —Lea, lea usted —dijo el señor Agüero, volviendo hacia él su cabeza y haciendo una señal al pecho de Varela. Éste sacó en el acto un papel del bolsillo de su levita y dijo, dirigiéndose a monsieur Martigny:
—¿Conocéis el parte?
—Lo acabo de leer.
—Oíd entonces si puede haber una demostración más acabada de la falsedad de ese documento, en este artículo, que se publicará mañana, y que acabamos de recibir en la comisión.
Daniel y monsieur Martigny pusieron su espíritu en la más seria atención.
El señor Varela leyó: